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martes, 23 de septiembre de 2014

NAVARREAR

Nuevo Diccionario de Neologismos de FCom (NDNFCom).

Navarrear. V. intr. Acción de quienes, forasteros en Navarra, buscan integrarse y se dedican durante un tiempo indefinido a conocer sus tierras, sus gentes, su historia, su cultura, sus costumbres y su gastronomía.

Vine a Navarra por trabajo y me quedé por amor. Este sería el titular de los algo más de siete años que llevo viviendo en Pamplona, tras abandonar mi Valencia natal con el vivo presentimiento de que sería para siempre.

Recién aterrizado en mayo de 2007, me pareció que mi integración en la Comunidad Foral debía pasar por el conocimiento de su geografía y comencé a explorarla en bici, cuando no quería o podía alejarme de la capital más de cien kilómetros a la redonda, y en coche, si las miras y el tiempo disponible eran más amplios.

Puerto de Izpegi. © Enrique España.
Al hilo de estas excursiones conocí pueblos y paisajes, gentes, costumbres y gastronomía desacostumbrados para un levantino acostumbrado, sin embargo, a viajar por el mundo. A ellas se remonta mi primer contacto con la cuajada, por la que llegué a pensar que el traslado había valido la pena.
Regata de Artesiaga. © Enrique España.

Siempre que la pereza era mayor que mis ansias de explorar, me limitaba a perderme por las calles de Pamplona, a recogerme en sus iglesias, a comprar en el Mercado de Santo Domingo los sábados por la mañana o degustar un buen pincho de chistorra en compañía de alguno de mis nuevos compañeros de trabajo… o de Ana, mi mujer, que no tardó en aparecer.

Si el tiempo y mis fuerzas acompañaban, solía patear las sendas del monte más próximo a la ciudad, el San Cristóbal, o correr hasta pueblos como Cizur, situado en las faldas de la Sierra del Perdón. En pocas semanas, la Cuenca dejó de tener secretos para mí.
Cuenca de Pamplona. © Enrique España.

Cuando la meteorología navarra empezó a enseñarme la peor de sus caras, avanzado ya el mes de octubre, tendí a quedarme en casa y a hundirme, no obstante, en las páginas de algún libro o alguna revista sobre la tierra que me acogía. De aquellos días procede mi preciada colección de Conocer Navarra, que tan buenos y largos ratos me ha hecho pasar.

Desde entonces hasta ahora han transcurrido, como digo, siete años y, aunque mis raíces valencianas me tiran y me tirarán siempre, estoy de acuerdo, porque así lo siento, con algo que alguien dijo alguna vez: uno es al final del suelo que pisa.

Para que aprendáis a amarlo como yo, forasteros -y no forasteros- en Navarra, ahí va este blog en el que intentaremos mostrarlo con otros ojos. ¿Os animáis a navarrear?


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PAMPLONA Y SUS COSAS

He empezado un nuevo curso en Pamplona, Navarra, lugar que ya considero mi segundo hogar. El año pasado, cuando llegué por primera vez, muchas cosas me sorprendían, pero eran tantas que apenas tenía tiempo de identificarlas una a una. Ahora que he vuelto de Guatemala, mi país, mucho de España (Pamplona específicamente) vuelve a sorprenderme. No tanto como la primera vez, que no volverá a repetirse, pero ahora noto el contraste de otra manera. Al regresar a Guatemala después de nueve meses y medio en el extranjero, comparaba las cosas de Guatemala con lo vivido en España. Ahora, vuelvo a comparar lo español con lo guatemalteco.

Escribir sobre las experiencias en Pamplona como extranjera llama mucho mi atención. ¿Qué me sorprende? ¿Qué me parece diferente? ¿Qué me hace recordar el país del que vengo? Y, especialmente, qué hace que sienta afecto por esta ciudad, que ya la considere un poco mía, que haya sonreído tanto cuando ya estaba a pocos kilómetros de distancia...

Monumento al Encierro. Pamplona, Navarra.
Fuente.

Pamplona y su gente. Pamplona y sus calles. Pamplona y su seguridad. Pamplona y su clima. Pamplona y sus fiestas. ¡Cuánto para escribir a pesar de ser una ciudad pequeña!

Así, con mucha motivación para las futuras entradas, me despido. Ya habrá experiencias que recordar y nuevas para vivir... experiencias que, por cierto, se centrarán en la vida de Pamplona (por si hacía falta aclararlo). Ojalá a los lectores les haga querer más esta ciudad, si es que ya sienten un cariño especial por ella, o les haga pensar "¡Pero qué ganas de conocerla!".

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